Estimados conciudadanos…

Sue Donaldson Will Kymlicka son un matrimonio dedicado a la investigación sobre la vertiente política de las cuestiones más apremiantes de la ética animal. En 2011 publicaron un libro titulado Zoopolis en el que analizan el estado de las Teorías de los Derechos de los Animales (TDA). Tal y como estas teorías vienen concebidas, los autores consideran que las posibilidades reales de actuación de los derechos de los animales no son demasiadas. Donaldson y Kymlicka proponen que partiendo precisamente de los derechos fundamentales recogidos en las TDA las relaciones entre los humanos y los animales vengan redefinidas según las categorías de animales domésticos, animales liminales y animales salvajes.

La propuesta de D&K se podría encuadrar en una clase de teorías denominadas teorías relacionales. En ellas, los deberes que los humanos tienen para con los animales obedecen al tipo de interrelación establecida. No serían estas unas relaciones de tipo personal al estilo de las defendidas por la estudiosa del feminismo Josephine Donovan, para quien los requisitos de atribución de estatus moral a los animales son el cuidado, la empatía con el sujeto individual, la necesidad de evitarles el sufrimiento y  la prohibición del abatimiento.

No, D&K sostienen que las relaciones que cuentan son de tipo no personal. Dando por sentado la validez de los derechos fundamentales de los animales -a la vida, derecho, a la libertad y a no sufrir- D&K sugieren que se avance por el camino de la inclusión política y la asociación cooperativa.

Donaldson y Kymlicka también critican el  postulado defendido por las teorías abolicionistas que prohíbe todo uso animal. Así pues, los abolicionistas, en general, creen que los animales domésticos son el resultado de un tratamiento genocida destinado a la satisfacción exclusiva de intereses humanos y que , desgraciadamente, su “recuperación” como animales libres fuera de toda influencia humana es inviable, por lo que deberían con el tiempo, extinguirse.

En la división tripartita contemplada por D&K, la explotación de los animales domésticos debería cesar inmediatamente. Los humanos no pueden conculcar de ninguna manera los tres derechos fundamentales antes citados. Hasta ahí la consonancia con los filósofos Gary Francione y Tom Regan es total. Sin embargo, Donaldson y Kymlicka nos hacen ver que estos dos autores se concentran únicamente sobre los derechos negativos (en el sentido de ser únicamente interdicciones) descuidando los deberes positivos que debemos tener con respecto a los animales. En la opinión de D&K, el reconocimiento de estos deberes positivos es necesario y su contenido variará según el tipo de relación que se establece entre humanos y animales.

Por ejemplo, si bien los intereses de los animales domésticos difieren obviamente de los de los humanos, D&K se muestran favorables a concederles un estatus político de cociudadanía, basándose en dos razonamientos. El primero, la constatación de que las capacidades cognitivas de los animales domésticos no son un impedimento para la obtención de este status, visto que tampoco los niños ni los humanos con graves deficiencias las tienen y a pesar de ello gozan del estatus de ciudadanía. El segundo, el hecho de que haya sido precisamente el acto erróneo de domesticación la principal causa de que esos animales no estén hoy día en condiciones de retornar a un hábitat natural con unas posibilidades mínimas de supervivencia.

El estatus de los animales salvajes es diferente. Una extensión de la teoría de la ciudadanía a estos animales no es posible al no estar interesados en mantener ningún tipo de relaciones con los humanos. Donaldson y Kymlicka proponen que se aplique al hábitat natural en el que viven un concepto similar al de la soberanía nacional. Estos animales serían individuos soberanos en su territorio y nosotros no tendríamos derecho ni a ocupar su lugar de residencia ni a inmiscuirnos en la red de relaciones que tejen entre ellos.

Una aportación original de esta teoría animalista es la inclusión de un nuevo término que introduce una cuña en la clásica dicotomía animal doméstico/animal salvaje. Se trata de la expresión animales liminales bajo cuyo significado se engloban aquellos animales que cohabitan con nosotros en el ámbito urbano o en la periferia de las ciudades (ardillas, palomas, coyotes, gacelas, venados, gaviotas, halcones, ratas y ratones, gorriones, zorros…) pero que no han sufrido un proceso de domesticación. Nuestro desmesurado y expansionista desarrollo ha obligado a estos animales a adaptarse a los humanos para poder sobrevivir, pero lo han hecho a costa de perder la plena capacidad de reintegrarse en el habitat natural del que proceden (muchas veces por quedar atrapados en nuestras redes urbanas) y de sufrir las más crueles represalias por parte de los humanos, que los consideran en muchas ocasiones como una “peste”.  Donaldson y Kymlicka plantean que se les conceda el estatus “denizens“; es decir, una categoría análoga a la de los migrantes temporales humanos y  de aquellas otras personas que residiendo en un determinado territorio no desean gozar plenamente de los derechos de ciudadanía a cambio de no tener que participar en algunos de los deberes que ello conlleva.

Y vosotros ¿Qué pensáis de las posibilidades de actuación de está agenda ético-política?

 

Possono gli animali fare a meno della libertà?

Per quanto contraddittorio possa sembrare ai sostenitori della la teoria dei diritti degli animali tout court alla Regan, o all’abolizionismo di Francione, questo punto di vista è sostenuto dal teorico politico e dell’etica britannico Alisdair Cochrane.

Questo ricercatore dissente da Regan nel fatto di considerare irrilevante il principio Kantiano secondo il quale soggettività capacità di autonomia sono gli elementi basilari di una teoria dei diritti degli animali.  Ancora meno concorda con la posizione di Francione, che ritiene un diritto inalienabile degli animali il non essere trattati dagli umani come proprietà.

Cochrane è dell’opinione che gli animali non-umani non abbiano la facoltà di essere autonomi poiché mancano a loro le capacità di auto-riflessione necessarie per possedere una vera e propria autonomia. In conseguenza, gli animali non hanno il diritto ad essere liberati dai rapporti che possano intrattenere con gli esseri umani. Ma attenzione! Questa posizione non esclude l’esistenza di diritti da parte degli animali, anzi ne hanno particolarmente tutti quelli concessi da Regan, eccetto la libertà.

E ed così perché il vero perno intorno al quale gira questa teoria dei diritti di Cochrane è il concetto dell’interesse. Gli animali hanno un interesse alla continuazione della propria vita, a non soffrire e a vivere secondo le loro necessità etologiche, e questo implica che in linea di massima gli allevamenti  intensivi di animali per il consumo umano sono vietati, così come vietato è anche usarli nella sperimentazione, in quanto contraria a loro interessi.

Ma questo e tutto, se quei interessi degli animali vengono rispettati, la teoria di Cochrane non ha niente da obiettare all’uso di loro per parte dagli umani (sempre che i diritti di cui parlavamo siano osservati). In questo modo sarebbe pure possibile la produzione di latte e uova se si fa d’accordo alle necessità etologiche degli individui e, insiste Cochrane, senza recare nessun male agli animali.

C’è un’altra differenzia con le posizione deontologiche di Regan. Per questo autore, i diritti anche se prioritari rispetto ad altre considerazioni, non hanno tutti la stessa importanza e devono venire “pesati” secondo le situazioni di cui si tratti.

La teoria degli interessi pone dei quesiti molto importanti sul come dobbiamo procedere nel nostro rapporto con gli animali. Cosa ne pensate voi di questa posizione?